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Mi hijo fue diagnosticado con diabetes tipo 1

Vida de mamá
Foto: Jaguit Slepoy
Foto: Jaguit Slepoy

Un 16 de noviembre de hace 8 años, mi hijo Noam fue diagnosticado con diabetes tipo 1.

 

Noam era un bebé de un año y 4 meses, chiquito, gordito y dulce…

 

Una de sus primeras palabras fue AGUA, nos pedía mucho de tomar y el pañal le duraba 1 hora, cada ratito teníamos que cambiarlo.

 

Comenzó a dejar de moverse con la misma energía que antes y solo quería estar acostado. Pensamos que tenía un virus, acudimos al consultorio del pediatra y él nos mandó de regreso a casa pensando que era gripe.

 

Pasaron 2 días y Noam no mejoró, la tremenda sed siguió en aumento. De un niño que no paraba de jugar y reír, se volvió apagado y triste.

 

Nunca se me va a olvidar, cuando nos levantamos por la mañana del viernes, fui a la cuna de Noam, y él solo me dijo con su vocecita “agua, agua, agua”, ahí fue cuando me cayó el veinte, “Noam tiene diabetes”……. No lo quise creer y esperé equivocarme…… le marque al pediatra, le comenté que estaba camino a urgencias ya que sospechaba que Noam tenía diabetes.

 

Llegando al hospital, desee con todo mi corazón que me dijeran que estaba loca y que no tiene nada…. Fue de las pocas veces que anhelé equivocarme.

 

Noam tenía 716 mg/dl de azúcar en su sangre.

 

Lamentablemente tenía razón, ese día, viernes 16 de noviembre 2012, la vida de Noam y de toda nuestra familia dio un giro de 180 grados.

 

En esta parte de mi historia, me gustaría hacer un paréntesis y contarles que mi relación con la diabetes comenzó desde que tengo memoria, mi papá, que en paz descanse, se inyectaba insulina y cuidaba de su alimentación.

 

Él fue diagnosticado de diabetes tipo 1 cuando tenía 13 años.

 

Yo de niña sabía que si mi papá se sentía mal le teníamos que dar jugo y en caso de que no reaccionara, inyectarle Glucagón.

 

No tenía ningún otro conocimiento.

 

Mi papá nunca nos enseñó nada, él vivió como si no tuviera ninguna condición. Vivió plenamente, trabajador, hacía ejercicio y viajaba mucho por su trabajo. Lo poco que yo sabía fue gracias a las enseñanzas de mi mamá.

 

Hoy en día, agradezco las pláticas, advertencias e información que mi mamá nos dio sobre la diabetes, gracias a eso, diagnosticamos a Noam y llegamos al hospital a tiempo.

 

Actualmente, Noam tiene 9 años, él no se acuerda de su vida sin diabetes, prácticamente ha vivido casi toda su vida con ella.

 

No fue nada fácil, tener un bebé tan chico con esta condición, no estaba en nuestros planes, pero nos tocó.

 

Es cierto que Noam es el que la tiene, pero mi marido y yo somos su páncreas 24 horas al día 365 días del año, sin descansos, recreos o pausas. Es un trabajo continuo y muchas veces agotador.

 

Tomamos la decisión que la diabetes será nuestra compañera y vamos a aprender a vivir con ella.

 

No nos define, no nos frena, lo único que ha hecho es fortalecernos y enseñarnos a ser cada día mejores.

 

Tratamos de estar a la vanguardia con toda la tecnología que existe para mejorar la calidad de vida de Noam y aliviarnos un poco el trabajo. Puedo decir que hay una gran diferencia entre las inyecciones y el glucómetro de hace 8 años a la microinfusora, sensor, transmisor y monitoreo continuo de glucosa de hoy.

 

Apreciamos de todo corazón estos avances tecnológicos y estamos seguros que en muy poco tiempo tendremos algo mucho mejor.

 

No hay palabras para expresar nuestro agradecimiento y amor a toda nuestra familia, amigos, compañeros, kínder, escuela y doctores que siempre han estado junto a nosotros.

 

Nos sentimos muy queridos, cuidados y apapachados.

 

Noam es un niño muy feliz, simpático, agradecido, deportista, responsable, amoroso e inteligente.

 

Creo que una parte de su formación y personalidad se lo debemos a la DIABETES.

 

Texto y foto: Jaguit Slepoy

Colaboradora

Jue, 11/19/2020 - 17:27
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