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La razón por la que los adolescentes se encierran en su mundo, puede venir desde la infancia 

Criando con consciencia
Foto IG: @jennvercammen
Foto IG: @jennvercammen

Lo incorrecto del tiempo fuera es que cuando los niños crecen, en lugar de venir a nosotros cuando tengan un problema, buscarán la soledad y el silencio de su cuarto, como cuando los obligaban de pequeños. 

 

El tiempo fuera no funciona, es violento y además es la peor forma de enseñarles a manejar sus emociones, pues es todo lo contrario a lo que deberíamos hacer como papás: ayudarles a expresarse y a conocer sus emociones para poder autorregularse. 

 

Es normal que los niños hagan berrinches, que tengan rabietas, que se avienten al piso, que griten, que pataleen, que lloren inconsolablemente, que no quieran que los abracemos y que después se derritan en nuestros brazos. Esta es su forma de comunicarse con nosotros. 

 

Y nosotros, como papás, debemos ayudarles a organizar, procesar y expresar todas esas emociones que llegan a sentir como una bomba, sin embargo, muchas veces en lugar de acompañarlos y guiarlos durante este proceso, que es igual al de caminar o dejar el pañal, los ignoramos por completo, los castigamos mandándolos a un rincón de tiempo fuera o les pegamos, porque la sociedad nos lo dice, porque así lo hicieron con nosotros o porque no cuestionamos siquiera si es que hay alguna mejor forma de hacerlo. 

 

Todas estas actitudes que tomamos ante los berrinches, eventualmente harán que los niños dejen de expresar sus emociones con nosotros, porque les hemos dicho una y otra vez que no nos interesa escucharlos, los hemos obligado a lidiar con sus emociones en silencio, solos en su cuarto, o en su rincón. 

 

Y cuando crecen, esperamos que ahora sí vengan a contarnos todo, que se abran completamente y se sientan en confianza con nosotros, porque ahora sí está bien. 

 

Bastante incongruente, ¿verdad? 

 

Los tiempos fuera, esos de la esquina y con su sillita no funcionan, porque los niños necesitan expresarse, necesitan poder sentir todas las emociones con sus altas y bajas, saber que son validadas y que sin importar el tamaño del berrinche, los seguimos amando incondicionalmente. 

 

Necesitan saber que los estamos escuchando, porque los berrinches se convertirán en corazones rotos y decepciones amorosas, en depresión o problemas con sus amigos. 

 

Y que no importa la edad que tengan, tú siempre serás su espacio seguro, donde serán escuchados y apapachados. 

 

 

 

Silvia Ruiz

May 14
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