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Por qué el cielo está tan lejos

Cuentos
Foto: Naran Xadul
Foto: Naran Xadul

En el principio de los tiempos, el cielo estaba tan cerca de la tierra que bastaba con levantar las manos para alcanzarlo. En aquel entonces, el cielo protegía, con su cercanía, a los hombres y a los animales.

Ni los molestaban los vientos, ni el calor o el frío podían incomodarlos. Por ello, los seres vivos tenían una existencia tranquila y placentera. Un día, dos mujeres se pusieron a moler grano para la comida. Como la cosecha había sido abundante y tenían mucho grano que moler, utilizaron unos morteros enormes, con grandes palas de madera. Mientras las mujeres cantaban, las palas subían y bajaban al ritmo de su canción.

Tan atareadas estaban en su trabajo que las dos mujeres no se daban cuenta de lo que sucedía: cada vez que alzaban las palas, golpeaban al cielo protector causándole gran daño. Y, tantas veces lo golpearon que, sin querer, acabaron agujereándolo. El cielo se cansó de ser maltratado y les llamó la atención:  --¡Dejen de golpearme! ¿Es que no ven que me duelen los golpes? ¿No saben que los protejo del frío, del viento y del calor? Si me siguen molestando, no les podré ayudar…

Pero, entre el ruido de los golpes en el mortero y la canción acompañaba su trabajo, las mujeres no pudieron oír lo que el cielo les decía. Y continuaron moliendo el grano sin darse cuenta de nada. Cuando el cielo no pudo resistir más el dolor, no tuvo más remedio que alejarse de la tierra hasta quedarse donde está. Por culpa de aquellas dos mujeres, los hombres y los animales quedaron desprotegidos de las inclemencias y han de sufrir desde entonces el viento, el frío y el calor.

Las estrellas que hoy vemos son los agujeros que las mujeres hicieron al cielo mientras molían grano en sus morteros con sus largas palas de madera. De noche, cuando el sol se oculta tras la oscuridad, parte de su brillo se filtra por esos agujeros que son las estrellas.

Y también, la lluvia se filtra por allí. Cuenta la gente de Somalia que las nubes son hermosas doncellas que llevan a sus casas cántaros llenos de agua que sacan de un pozo.

En ocasiones, si los cántaros están demasiado llenos y se bambolean al paso de las doncellas, el agua puede derramarse. Cae entonces, en forma de lluvia, por los agujeros que se hicieron en el cielo. Y así es como la tierra recibe el agua del cielo.

 

Por: Silvia Dubovoy

Raquel Mendoza

Noviembre 24, 2018
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