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La princesa Fithir

Cuentos
Foto: Naran Xadul
Foto: Naran Xadul

El rey de Tara, que vivió en tiempos inmemorables, tenía dos hijas: la princesa Fithir, de cabellos lisos y dorados, y la pequeña Darinee, de largos y negros rizos. Ambas, eran hermosas y honestas, y se amaban como corresponde a dos hermanas que han compartido a infancia muy unidas después de perder a su madre.

 

Dibujo: rey con sus dos hijas la princesa Fithir, de cabellos lisos y dorados, y la pequeña Darinee, de largos y negros rizos.

 

Un día, el rey paseaba por las orillas de los pantanos que delimitaban sus posesiones. Unas hadas, que poblaban y reinaban en los pantanos, acudieron a su encuentro. Traían un mensaje misterioso: querían a su hija Fithir y, a cambio, le ofrecían tres extraordinarios regalos. El primero, consistía en una botella con agua del fondo del pantano: si rociaba con ella a cualquier criatura, ésta se transformaría en lo que el rey deseara durante un tiempo; e agua de la botella, además, nunca se agotaría.

El segundo de los regaos era una antorcha: elevándola sobre la cabeza se encendía y mostraba cualquier rincón del mundo o cualquier persona que en ese momento quisiera ver. El tercer regalo era un silbato, hecho de los juncos que crecen a las orillas de los pantanos, ahuecado con unas agujas especiales; al soplarlo, producía un sonido tan penetrante que las hadas acudirían a su llamado para satisfacer sus deseos.

Si colocaba sobre su oído e silbato al revés, escucharía las conversaciones que le interesaran, por escondidas que éstas se encontraran. El rey tendría estos tres presentes durante el tiempo que quisiera; cuando los devolviera a las hadas, ellas le entregarían a su hija de nuevo, sana y salva. El rey, cegado por la ambición y por las posibilidades de los objetos que las hadas mostraron, aceptó y entregó a su hija, y las hadas de los pantanos se la llevaron a sus grutas.

Darinee, su hermana, al conocer la noticia, sintió un profundo pesar, pues amaba a Fithir con todo su corazón. Darinee paseaba entre sollozos por las orillas de los pantanos, llamándola. No temía a las hadas ni a su mal humor, pues sabía que a ellas no les gustaban las mujeres de cabellos negros y nunca a raptarían para llevársela a vivir sus dominios. Pero, Darinee no podía hacer nada para rescatar a su hermana.

Los primeros años con las hadas a Fithir le parecieron días, pues en el territorio de los pantanos, el tiempo transcurre de forma diferente. Fithir, aunque vivía mimada en el palacio de las hadas, anhelaba volver con su familia. También ella echaba de menos los juegos y las risas con su hermana. El rey, que se hizo cada vez más poderoso y más egoísta, murió sin devolver a las hadas los presentes. Han pasado ya cientos de años. La corte ya no existe y nada queda del palacio ni del reino de Tara. Los tres regalos de las hadas están perdidos y olvidados; nadie sabe qué fue de ellos, dónde se encuentran, quién puede hallarlos hoy. La princesa Fithir, aún espera su rescate. Cuentan que, en las noches de luna llena, algunos han visto a una doncella de lisos y dorados cabelos caminando a lo lejos por los pantanos.

Si se escucha con atención, se pueden oír sus gemidos y cómo llama a su padre y a su hermana que vayan a buscarla y lleven de nuevo a su hogar.

 

Por: Silvia Dubovoy

 

Raquel Mendoza

Dom, 12/09/2018 - 21:48
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